viernes, 19 de septiembre de 2014
J. E. PACHECO - J. J. ARREOLA
1) Nunca he visto fantasmas. Llevé una
años enteros en el desmantelado
teatro de la memoria.
Transilvania o los páramos ingleses
fueron menos temibles que los sitios
en donde estuve bajo el sol con ella.
No hubo exorcismo contra aquel espectro.
Un día cesaron las apariciones.
Jose Emilio Pacheco
2) La mujer que amé se ha convertido en fantasma.
Yo soy el lugar de las apariciones.
Juan José Arreola
domingo, 5 de febrero de 2012
CAVAFIS - GABRIEL FERRATER
1) EL SOL DE LA TARDE
Este pequeño cuarto, qué bien lo conozco.
Ahora lo han alquilado este y el de al lado
para oficinas, toda la casa ha sido tragada
por las tiendas de los mercaderes,
por compañías limitadas y agentes navieros....
ay, qué familiar es este pequeño cuarto!
Una vez aquí junto a la puerta, hubo un sofá
y delante de él una pequeña alfombra turca,
exactamente aquí. Y luego el anaquel con los dos
floreros amarillos, y a la derecha de ellos:
No. Aguarda. Frente a ellos (cómo pasa el tiempo)
el destartalado ropero y el pequeño espejo.
Y aquí en el centro de la mesa
donde siempre se sentaba a escribir,
y alrededor de ella las tres sillas de caña.
Cuántos años... Y junto a la ventana,
el lecho en que tan a menudo nos amábamos.
Aquellos viejos muebles
deben rondar ahora todavía alguna parte...
Y junto a la ventana, sí, el lecho.
El sol de la tarde llegaba hasta el centro de la cama.
Nos separamos una tarde a las cuatro,
por una semana nada más aquella misma tarde.
Jamás pensé que aquellos siete días
pudieran durar para siempre.
2) CAMBRA DE LA TARDOR
La persiana, no del tot tancada, com
un esglai que es reté de caure a terra,
no ens separa de l'aire. Mira, s'obren
trenta-set horitzons rectes i prims,
però el cor els oblida. Sense enyor
se'ns va morint la llum, que era color
de mel, i ara és color d'olor de poma.
Que lent el món, que lent el món, que lenta
la pena de les hores que se'n van
de pressa. Digues, te'n recordaràs
d'aquesta cambra?
"Me l'estimo molt.
Aquelles veus d'obrers - Què son?"
Paletes:
manca una casa a la mançana.
"Canten,
i avui no els sento. Criden, riuen,
i avui que callen em fa estrany."
Que lentes
les fulles roges de les veus, que incertes
quan vénen a colgar-nos. Adormides,
les fulles dels meus besos van colgant
els recers del teu cos, i mentre oblides
les fulles altes de l'estiu, els dies
oberts i sense besos, ben al fons
el cos recorda: encara
tens la pell mig del sol, mig de la lluna.
lunes, 16 de mayo de 2011
Olvidos sin importancia

La anécdota la cuenta el sr. Joaquín Rodríguez en su estupenda recopilación de letraheridos titulada ‘Bibliofrenia’: Theodor Mommsen, autor de más de mil quinientos libros y padre de dieciséis hijos, mostraba tal capacidad de concentración cuando se enfrascaba en la lectura que, en un viaje en coche de caballos hasta Berlín, molesto por los continuos llantos de un niño le solicitó que se identificara para poder recriminarle por su apellido. El pobre niño, sorprendido, le respondió: “¿por qué no me reconoces, papá?, soy tu pequeño Heinrich”. Confusión que el autor justifica con el siguiente argumento: ‘dieciséis obras biológicas y mil quinientas obras escritas son material suficiente para olvidar alguna de ellas’.
sábado, 30 de abril de 2011
La biblioteca de un caballero
viernes, 7 de mayo de 2010
Bora-bora
lunes, 3 de mayo de 2010
Aquí. Hoy
El caso es que el poema no aparece en las obras completas de Borges, ni en ningún otro de los libros que las complementan. Faciolince se lo entrega a reputados especialistas que lo juzgan apócrifo, entendiendo que es demasiado evidente. Se parece tanto a un poema de Borges, argumentan, que no puede ser suyo. Los hechos que Faciolince relata a continuación, sus peripecias en busca de la verdad recuerdan por momentos el clásico de A.J.A. Symons ‘En busca del Barón Corvo’. Su aventura transcurre en diversas ciudades: París, Berlín, Mendoza, Iowa, Porto Alegre. Con el auxilio de una misteriosa benefactora experta en investigar rarezas desde su casa de Finlandia, en mitad de la nada, en medio de la nieve y de la niebla, a través de librerías de viejo, hemerotecas, llamadas telefónicas que le deparan pistas falsas e interrogatorios a testigos del pasado, va recuperando las diversas piezas del puzzle que no acaban de encajar hasta las últimas páginas. Por el camino, se hace con un rarísimo cuaderno publicado por Ediciones Anónimos con cinco sonetos inéditos de Borges, entre ellos el que su padre llevaba en el bolsillo cuando murió.
A lo largo del libro, para justificar la injustificable pérdida del poema copiado de puño y letra de su padre, Faciolince se empeña en recordarnos que la verdad suele ser confusa, que es la mentira la que tiene siempre los contornos demasiado nítidos. ‘Soy un olvidadizo, un distraído, a ratos un indolente. Sin embargo, puedo decir que gracias a que he tratado de no olvidar a esta sombra, mi padre… me ha ocurrido algo extraordinario: aquella tarde su pecho iba acorazado solamente por un frágil papel, un poema, que no impidió su muerte. Pero es hermoso que unas letras manchadas por los últimos hilos de su vida hayan rescatado, sin pretenderlo, para el mundo, un olvidado soneto de Borges sobre el olvido’.
AQUÍ. HOY
Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y que no veremos.
Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y del término, la caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los ritos de la muerte y las endechas.
No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre;
pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo,
esta meditación es un consuelo
miércoles, 10 de marzo de 2010
Cuestiones de trámite
(Pere Calders)
viernes, 5 de marzo de 2010
Vila-Matas en Dublín
La última novela de Enrique Vila-Matas es, al parecer, un homenaje a la ciudad de Dublín. Sospecho desde hace tiempo que los títulos de los libros de Vila-Matas son algo más que simples títulos. Nombran el texto, como todos, pero cumplen otra función añadida. Así como los intérpretes de la Cábala buscan una combinación de letras que les depare el conocimiento, me ha dado a mí por buscar en los títulos vilamatianos una lectura paralela de su obra. En eso me he ocupado estos días de alerta meteorológica en los que tengo muy presente la inquietante identidad que revela el nombre del autor, leído en sentido inverso: SATAM ALIVE. Esta coincidencia me ha llevado a barajar los títulos de sus novelas en busca de cadáveres exquisitos.Se trata de títulos con vocación de nomadismo: desde Barcelona, la ciudad nerviosa, hasta Veracruz, pasando por París, que no se acaba nunca. El viajero que transita por sus líneas es un hijo sin hijos, un soltero empedernido vestido de domingo, un paciente explorador de abismos. Perder países es su empeño. Uno llega a pensar que tal vez no haya salido nunca de su casa, limitándose a viajar por las páginas ajenas y haciendo suyas las palabras de sus autores predilectos. Extraña forma de vida.
De momento, una casual combinación de los títulos de los libros de Vila-Matas me ha deparado este curioso acróstico publicitario:
Lejos de Veracruz
El mal de Montano
El viajero más lento
Doctor Pasavento
Una casa para siempre
Bartleby y compañía
La asesina ilustrada
Impostura
Nunca voy al cine
El viaje vertical
Suicidios ejemplares
Al sur de los párpados
domingo, 21 de febrero de 2010
Benjamín Prado - Alberto Caraco


1. Ser un escritor comprometido es serlo en segundo lugar con la política y en primer lugar con la propia escritura. Y no hay revolución que tenga la más mínima relevancia si no ha empezado por ser una insurrección contra el lenguaje, contra lo ya conocido o lo evidente.
(Benjamín Prado. Siete maneras de decir manzana)
2. Nuestras revoluciones son puramente verbales y cambiamos las palabras para tener la ilusión de que cambiamos las cosas
(Alberto Caraco. Breviario del caos)
sábado, 13 de febrero de 2010
El desierto alucinado de Annemarie Schwarzenbach


No he aprendido muchas cosas nuevas, pero lo he visto todo, lo he experimentado todo en carne propia, confesaba Annemarie Schwarzenbach durante su estancia en Afganistán. La suerte que la había protegido en sus viajes por Oriente Próximo al volante de su Ford, la abandonó mientras descendía una cuesta camino de Saint-Moritz. El seis de septiembre de 1942, durante un paseo, se cruzó con una amiga que iba en bicicleta. Intercambiaron unas palabras, Annemarie le prestó su coche de caballos a cambio de la bicicleta y se alejó pedaleando. En una cuesta pronunciada se soltó de manos, perdió el control y salió despedida por encima del manillar golpeándose la cabeza con una roca. Su cuerpo herido junto a la carretera encontraba por fin su destino de ángel devastado. El apelativo corresponde a Thomas Mann, quien en una sobremesa sentenció, mirándola a los ojos: ‘Si usted fuera un hombre, debería ser declarado excepcionalmente hermoso’.
Annemarie era amiga de los hijos del novelista, Klaus y Erika. Para ellos era ‘la Princesa Miro’. Klaus fue su compañero de adicciones y Erika un doloroso amor contrariado. En la noche luminosa de Berlín, mientras el Parlamento ardía, Annemarie se desplazaba en un Mercedes buscando a Mops, su proveedora de morfina, como una sonámbula ajena al curso de la Historia. Había llegado a Berlín huyendo del opresivo ambiente familiar. La rama materna de la familia estaba emparentada con los Von Bismarck; los Schwarzenbach habían consolidado una inmensa fortuna con la industria de la seda. Durante su adolescencia, las rarezas de Annemarie la llevaron a la consulta del doctor Carl Jung. No encontró en el diván la paz anhelada. Annemarie buscaba un lugar donde perderse, 'una orilla que la devolviese a la infancia, a la tierra prometida'. Probó suerte en los paisajes narcóticos de Oriente. 'El oeste era el desierto, la infinita soledad del amanecer, la espinosa estepa de la conciencia'. Ebria de haschisch, describió en sus libros valles solitarios y desiertos de pesadilla. Contrajo matrimonio con un ambiguo secretario de la embajada francesa en Teherán. Las drogas y la literatura eran un resquicio en el burocrático hastío de la diplomacia. Se enamoró de una joven tuberculosa llamada Yalé, a quien rindió homenaje en su libro “Muerte en Persia”.
Junto a un estanque alargado, Annemarie recorrió el palacio de Cihil Sutun, que en afgano significa ‘cuarenta columnas’. Le sorprendió hallar sólo veinte. Extrañada, cruzó hasta la otra orilla de la corriente y divisó desde la lejanía las veinte columnas y su perfecto reflejo en el agua. En afgano, le dijeron, cuarenta significa una cantidad infinita. 'No me sentía preparada - escribe Annemarie-, para enfrentarme a la yerma vastedad asiática, cuya inmensidad, espanto, conmovedor despliegue de colores y férreo poder de destrucción no lograba calibrar... Sólo podemos llamar hogar a un espacio muy reducido.'
Tras su muerte, el nombre de Annemarie Schwarzenbach acabó siendo sólo un recuerdo en un libro de Carson McCullers. La escritora le dedicó su novela “Reflejos en un ojo dorado”. Cuando se conocieron en Nueva York, se enamoró de ella sin ser correspondida. Los manuscritos de Annemarie que no fueron quemados por su familia permanecieron ocultos hasta que un estudioso suizo, en los ochenta del pasado siglo, los rescató del olvido.
sábado, 16 de enero de 2010
Detalles
(James Wood. Los mecanismos de la ficción)
jueves, 14 de enero de 2010
Sólo para fumadores

lunes, 21 de diciembre de 2009
Marga Gil Roësset

‘Qué hermoso es el amanecer del último día’, escribió Marga Gil Roësset el 28 de julio de 1932, antes de disparar su pistola. Previamente, había intentado borrar a golpe de martillo todo vestigio de la actividad creativa que llevó a cabo durante sus veinticuatro años de vida. A Juan Ramón Jiménez, destinatario de su pasión frustrada, le confió el diario donde describía los motivos del suicidio. No creía en el amor correspondido y tuvo la mala fortuna de enamorarse de ese poeta del 27 que decía poseer una glándula secretora de infinito y declaraba sin rubor en uno de sus manifiestos estéticos: ‘¡Cómo me cansan todos los libros ajenos!’. Marga se disculpó con Zenobia por sentir lo que sentía, lamentando lo que hubiese podido llegar a hacer si su marido hubiese estado dispuesto. Olga Bauer le presentó al poeta en un concierto, tres meses atrás. A Zenobia ya la conocía y la admiraba por las traducciones de Tagore que leía de pequeña junto a su hermana Consuelo.
Aparte del diario y de una breve correspondencia, a Marga le han sobrevivido una decena de esculturas y unos cuantos dibujos, entre ellos los que compuso para ilustrar los cuentos que escribía su hermana (“El niño de oro” y “Rose de bois”), publicados cuando Marga contaba doce y trece años de edad, respectivamente. Uno de sus dibujos, que ilustra un cancionero para niños, guarda gran parecido con el personaje que más de una década después haría famoso a Antoine de Saint-Exúpery. Nadie sabe a ciencia cierta si fue el modelo que inspiró al impertinente Principito.
Quizá hastiada de su precoz talento, Marga cambió el dibujo por la escultura. Sus contemporáneos la describen con los brazos morenos y musculosos, heridos por las esquirlas que saltaban de las piedras que trabajaba. Era una mujer muy alta, de ojos grises y rasgos varoniles. Autodidacta e intuitiva, improvisaba sus obras sin apoyarse en bocetos. Con veintidós años, presentó a la Exposición Nacional una obra titulada ‘Adán y Eva’ que sorprendió por su intensidad dramática y la rara perfección de su factura.
Durante la guerra civil un obús cayó sobre el cementerio de Las Rozas destruyendo una sola tumba, la de Marga. Hay cosas que no son, pero que siguen siendo, dice en un verso su amiga Ernestina De Champourcin.
viernes, 4 de diciembre de 2009
Los cuentos jeroglíficos de Horace Walpole

Un siglo antes de que Lewis Carroll escribiese para la niña Liddell las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, Horace Walpole dedicó a otra niña púber (en este caso la sobrina de Lady Ailesbury) su libro más extraño, titulado “Cuentos jeroglíficos”. Madame du Deffand, con quien se carteaba asiduamente, calificó el texto como la obra de un loco delirante.
Walpole, hijo de un primer ministro británico y primo del almirante Nelson, tuvo una discreta carrera política. Sus intereses iban más encaminados a las disciplinas artísticas. Los “Cuentos jeroglíficos” no son inferiores a las tan celebradas aventuras de Alicia; sin embargo, Walpole es hoy más conocido por ser el precursor de la novela gótica y por acuñar el término ‘serendipia’, que alude a esos hallazgos casuales tan frecuentes en el mundo de la ciencia. Sus innovaciones literarias fueron la extensión de lo que previamente había llevado a cabo en el campo de la arquitectura, convirtiendo su casa de Strawberry Hill en la parodia de un castillo gótico. En la prensa doméstica de ese castillo imprimió la primera edición de sus “Cuentos jeroglíficos”, compuesta por la respetable suma de siete ejemplares.
Los argumentos de los cuentos abundan en el absurdo y el sinsentido, en un derroche de imaginación que los hace parecer hoy tan frescos como hace más de doscientos años. Basta con reseñar el comienzo de uno de los relatos: ‘Había antiguamente un rey que tenía tres hijas, o mejor dicho, que habría tenido tres hijas si hubiese tenido una más, pues la primera de ellas, de un modo u otro, no había llegado a nacer nunca. Era, sin embargo, muy hermosa, tenía mucho ingenio y hablaba el francés a la perfección.’ Con este prometedor comienzo, Walpole pasa a relatar las dificultades del monarca para encontrar un heredero: ‘El rey, en efecto, insistía en que su hija mayor debía casarse primero y, como ésta no existía, era muy difícil encontrarle un marido apropiado.´ El relato nos brinda la aparición de un príncipe que, según explica Walpole, ‘habría sido el héroe más cumplido de su época si no hubiera estado muerto’. Imaginen los lectores las complicaciones inherentes a la unión entre una mujer que no existe y un hombre que ha dejado de existir. Remito a la lectura del libro para conocer de primera mano el desenlace.
(En cuanto a las motivaciones de Horace Walpole para entretener a la niña Caroline Campbell, los críticos apuntan teorías cercanas a las que manejan para justificar el interés de Lewis Carroll por las nínfulas)
lunes, 9 de noviembre de 2009
Italo Calvino - Paul Valéry

1. …padezco de una hipersensibilidad o alergia: tengo la impresión de que el lenguaje se usa siempre de manera aproximativa, casual, negligente, y eso me causa un disgusto intolerable. No se vaya a creer que esta reacción corresponde a una intolerancia hacia el prójimo: lo que más me molesta es oírme hablar. Por eso trato de hablar lo menos posible, y si prefiero escribir es porque escribiendo puedo corregir cada frase tantas veces como sea necesario para llegar, no digo a estar satisfecho de mis palabras, pero por lo menos a eliminar las razones de insatisfacción que soy capaz de percibir. La literatura –quiero decir la literatura que responda a estas exigencias- es la Tierra Prometida en la que el lenguaje llega a ser lo que realmente debería ser.(Italo Calvino. Seis propuestas para el próximo milenio)
2. En 9 de cada 10 casos, es cien veces más fácil escribir una cosa bella que una cosa precisa.
Lo que oscurece casi todo es el lenguaje –porque obliga a fijar y generaliza sin que lo deseemos.
Hay que buscar, buscar incesantemente, aquello de lo cual todo cuanto decimos es sólo traducción.
(Paul Valéry. Cuadernos)
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Loro, pala, lila
Supongo que para él el descubrimiento de ese misterioso atajo no revierte mayor importancia. No puede ver aún (o tal vez sí, su sonrisa de felicidad le delataba) las posibilidades infinitas de esos curiosos signos que desde hace un tiempo despiertan su atención, el vértigo combinatorio de las palabras y su poder de evocación. Es sólo un nuevo aprendizaje, me he dicho. Todos los niños empiezan a escribir a cierta edad. Sin embargo, he pasado el resto de la mañana rebuscando entre mis libros. Eligiendo, imagino, futuros anzuelos para su curiosidad lectora.
martes, 20 de octubre de 2009
El anillo de Pushkin
Lo cuenta J.E. Zúñiga en su particular homenaje a la literatura rusa titulado, precisamente, ‘El anillo de Pushkin’. El poeta Pushkin recibió un anillo de la bella polaca Elisa Vorontsova tras una larga noche apasionada. El anillo pertenecía a su marido el gobernador de Odessa y contenía en su sello una leyenda escrita en hebreo. Cuando la bella Elisa era ya sólo un grato recuerdo para Pushkin él conservó el anillo y lo mostraba orgulloso a sus amistades presumiendo de sus presuntos poderes protectores. El día de su muerte, al recibir el disparo de pistola del militar francés Georges D’Anthés, a quien había retado en duelo, la mano de Pushkin tapó instintivamente el boquete abierto por la bala y la sangre apagó por un instante el destello del anillo. Su amigo Yukovski presenció la agonía del poeta y, junto a sus últimas voluntades, recibió el anillo en herencia. Conmocionado por el drama, lo guardó maquinalmente en un bolsillo de su levita y sólo se acordó de él días más tarde. Yukovski conservó muchos años la alhaja a la que Pushkin había dedicado uno de sus poemas y lo llevó consigo cuando emigró a Alemania. Su hijo lo heredó tras su muerte pero en vez de conservarlo hasta el final, como habían hecho sus predecesores, decidió regalárselo al escritor Turguéniev. Éste supo que se trataba de un talismán de su admirado Pushkin, lo que a sus ojos le confería un valor incalculable. El anillo, testigo de las pasiones de Pushkin, acompañó a partir de entonces los amores contrariados de Turguéniev. Una noche Turguéniev tuvo un sueño que acabó convertido en un relato cuyo protagonista es el anillo de una recién casada, robado por el hombre que la viola. El hijo de ambos, fruto de la violación, encuentra al cabo de los años al ladrón ahogado en una playa, y descubre en su mano el anillo maldito que de esta forma regresa a su propietaria cerrando el círculo. Paulina Viardot, la cantante y amiga de Turguéniev fue la última propietaria conocida del anillo. Ella fue quien lo envió al museo de San Petersburgo que guarda los recuerdos del poeta Pushkin. Según imagina Zúñiga, a ella le resultó excesivo el peso fabuloso del anillo depositado por tantos hombres ilustres que lo habían portado con anterioridad. ‘En su dura materia había entrado, con la sangre de su dueño, la centenaria experiencia rusa de sufrimiento, pasiones y grandeza. Quizá, bajo su influjo, Ivan Turguéniev, que vivió en el extranjero, sobrellevó adversidades típicamente rusas y su vida de nostalgias fue una existencia rusa con sus ternuras y sus frustraciones, sus anhelos y su desprendimiento’.
Años después, un visitante del museo rompió la vitrina y se llevó el talismán perdiéndose su rastro para siempre.
domingo, 4 de octubre de 2009
Sergio Pitol - Jorge Luis Borges


1. Uno, me aventuro, es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas.
(Sergio Pitol. El arte de la fuga)
2. Somos todo el pasado, somos nuestra sangre, somos la gente que hemos visto morir, somos los libros que nos han mejorado, somos gratamente los otros.
(Jorge Luis Borges. Epílogo a sus Obras Completas)
miércoles, 30 de septiembre de 2009
PETRARCA, ALPINISTA
Impulsado por el deseo de contemplar un lugar célebre, un día del mes de abril del año 1336 el poeta Petrarca decidió ascender hasta la cima del Mont-Ventoux. Antes de partir piensa en un compañero de viaje pero ninguno le parece apropiado, unos por demasiado prudentes, otros por osados, o locuaces, o silenciosos, o lóbregos, o joviales. Su hermano, a quien comenta sus intenciones, acaba convirtiéndose en el compañero ideal, amigo y hermano a un tiempo. ‘Lo prolongado del día, la suavidad del aire, la fortaleza de nuestra determinación, el vigor y la agilidad corporales y el resto de las circunstancias favorecían a los caminantes, sólo la naturaleza del lugar suponía un obstáculo’, explica Petrarca en una carta dirigida a Dionisio da Burgo. En una loma de la montaña dan con un anciano pastor que intenta disuadirlos del ascenso y les relata cómo cincuenta años antes, empujado por el mismo ardor juvenil, había ascendido hasta la cumbre, sin que ello le reportara sino arrepentimiento y fatiga. La prohibición los espolea. Mientras su hermano intenta atacar la cumbre por el camino más recto, Petrarca opta por un trayecto más largo y descansado. Al coronar por fin la cumbre, la ligereza del aire y el escenario ilimitado le dejan privado de sentido. Las nubes a sus pies materializan lo que ha leído sobre el monte Atos y el Olimpo. Ante la cercanía de la noche, su compañero le apremia para partir y Petrarca siente que le han sacado de un sueño. Abre el libro que lleva consigo, las ‘Confesiones’ de San Agustín, regalo de su mentor Dionisio, y da por azar con la siguiente cita: ‘Y fueron los hombres a admirar las cumbres de las montañas y el flujo enorme de los mares y los anchos cauces de los ríos y la inmensidad del océano y la órbita de las estrellas y olvidaron mirarse a sí mismos’.
Petrarca intuye que la cita no es casual. Coronar la cima de una montaña debe ser algo más que coronar la cima de una montaña. Mira en su interior, como el pasaje le aconseja, y sus reflexiones convierten lo que inicialmente era una excursión ociosa y despreocupada en una metáfora de las penalidades de la vida espiritual. Durante el descenso permanece en silencio, ocupado en asuntos ambiguos y penosos. Compara su mente con un campo de batalla donde se libra una lucha agotadora. Según sus propias palabras no puede dejar de sentirse un hombre dividido, como todos nosotros desde entonces.
(Místicas gracias, Nadna)
viernes, 18 de septiembre de 2009
VARIACIONES SUIZAS (II)
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