
El primer trovador, aquel que se burló de su cautiverio en Tierra Santa; que fue excomulgado en dos ocasiones, desafiando espada en mano al obispo de Poitiers mientras pronunciaba la fórmula de excomunión, y renunciando más tarde a ajusticiarlo con la excusa de no ayudarle a entrar en el paraíso; que ideó la fundación de una abadía en Niort para reunir a todas sus amantes, entre ellas la vizcondesa de Châtellerault, denominada la Dangerosa, cuya imagen llevaba en su escudo para tener a su lado en la batalla a la que compartía con él otras contiendas; aquél a quien Ezra Pound llamó ‘Séptimo de Poitiers, Noveno de Aquitania’ en uno de sus cantares; el autor de los primeros versos en lengua occitana que han llegado hasta nosotros, imaginó mientras dormitaba a lomos de su caballo la fuga perfecta en forma de poema :
Farai un vers de dreit nien: /Haré un verso sobre absolutamente nada:
non er de mi ni d'autra gen,/ no será sobre mí ni sobre otra gente,
non er d'amor ni de joven,/ no será de amor ni de juventud,
ni de ren au,/ ni de nada más,
qu'enans fo trobatz en durmen/ sino que fue trovado durmiendo
sus un chivau./sobre un caballo.
