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domingo, 5 de febrero de 2012

CAVAFIS - GABRIEL FERRATER

1) EL SOL DE LA TARDE

Este pequeño cuarto, qué bien lo conozco.

Ahora lo han alquilado este y el de al lado

para oficinas, toda la casa ha sido tragada

por las tiendas de los mercaderes,

por compañías limitadas y agentes navieros....

ay, qué familiar es este pequeño cuarto!

Una vez aquí junto a la puerta, hubo un sofá

y delante de él una pequeña alfombra turca,

exactamente aquí. Y luego el anaquel con los dos

floreros amarillos, y a la derecha de ellos:

No. Aguarda. Frente a ellos (cómo pasa el tiempo)

el destartalado ropero y el pequeño espejo.

Y aquí en el centro de la mesa

donde siempre se sentaba a escribir,

y alrededor de ella las tres sillas de caña.

Cuántos años... Y junto a la ventana,

el lecho en que tan a menudo nos amábamos.

Aquellos viejos muebles

deben rondar ahora todavía alguna parte...

Y junto a la ventana, sí, el lecho.

El sol de la tarde llegaba hasta el centro de la cama.

Nos separamos una tarde a las cuatro,

por una semana nada más aquella misma tarde.

Jamás pensé que aquellos siete días

pudieran durar para siempre.


2) CAMBRA DE LA TARDOR

La persiana, no del tot tancada, com

un esglai que es reté de caure a terra,

no ens separa de l'aire. Mira, s'obren

trenta-set horitzons rectes i prims,

però el cor els oblida. Sense enyor

se'ns va morint la llum, que era color

de mel, i ara és color d'olor de poma.

Que lent el món, que lent el món, que lenta

la pena de les hores que se'n van

de pressa. Digues, te'n recordaràs

d'aquesta cambra?

"Me l'estimo molt.

Aquelles veus d'obrers - Què son?"

Paletes:

manca una casa a la mançana.

"Canten,

i avui no els sento. Criden, riuen,

i avui que callen em fa estrany."

Que lentes

les fulles roges de les veus, que incertes

quan vénen a colgar-nos. Adormides,

les fulles dels meus besos van colgant

els recers del teu cos, i mentre oblides

les fulles altes de l'estiu, els dies

oberts i sense besos, ben al fons

el cos recorda: encara

tens la pell mig del sol, mig de la lluna.

domingo, 21 de febrero de 2010

Benjamín Prado - Alberto Caraco



1. Ser un escritor comprometido es serlo en segundo lugar con la política y en primer lugar con la propia escritura. Y no hay revolución que tenga la más mínima relevancia si no ha empezado por ser una insurrección contra el lenguaje, contra lo ya conocido o lo evidente.
(Benjamín Prado. Siete maneras de decir manzana)

2. Nuestras revoluciones son puramente verbales y cambiamos las palabras para tener la ilusión de que cambiamos las cosas
(Alberto Caraco. Breviario del caos)

lunes, 9 de noviembre de 2009

Italo Calvino - Paul Valéry


1. …padezco de una hipersensibilidad o alergia: tengo la impresión de que el lenguaje se usa siempre de manera aproximativa, casual, negligente, y eso me causa un disgusto intolerable. No se vaya a creer que esta reacción corresponde a una intolerancia hacia el prójimo: lo que más me molesta es oírme hablar. Por eso trato de hablar lo menos posible, y si prefiero escribir es porque escribiendo puedo corregir cada frase tantas veces como sea necesario para llegar, no digo a estar satisfecho de mis palabras, pero por lo menos a eliminar las razones de insatisfacción que soy capaz de percibir. La literatura –quiero decir la literatura que responda a estas exigencias- es la Tierra Prometida en la que el lenguaje llega a ser lo que realmente debería ser.
(Italo Calvino. Seis propuestas para el próximo milenio)

2. En 9 de cada 10 casos, es cien veces más fácil escribir una cosa bella que una cosa precisa.
Lo que oscurece casi todo es el lenguaje –porque obliga a fijar y generaliza sin que lo deseemos.
Hay que buscar, buscar incesantemente, aquello de lo cual todo cuanto decimos es sólo traducción.
(Paul Valéry. Cuadernos)

domingo, 4 de octubre de 2009

Sergio Pitol - Jorge Luis Borges



1. Uno, me aventuro, es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas.
(Sergio Pitol. El arte de la fuga)

2. Somos todo el pasado, somos nuestra sangre, somos la gente que hemos visto morir, somos los libros que nos han mejorado, somos gratamente los otros.
(Jorge Luis Borges. Epílogo a sus Obras Completas)

viernes, 21 de agosto de 2009

Juan José Millás - Slawomir Mrozek - Oscar Wilde



1. Yo siempre he seguido la vieja regla de hacerme el cojo cada vez que algo me salía bien para no llamar la atención del destino. El caso es que hace poco tuve dos golpes de buena suerte y pensé que, además de cojear un poco, convendría escayolarme el brazo derecho por si acaso. Al poco me llamaron de una asociación de no sé que para entregarme un premio, pero al subir a la tarima pisé mal, de manera que me rompí el brazo escayolado y el pie presuntamente cojo. Como siempre trato de ver el lado bueno de las cosas, pensé que aquello era un golpe de suerte, pues ya no me vería obligado a fingir, que no me gusta. Estaba cojo y manco de verdad, pero valía la pena.
(J.J. Millás. Suerte)

2. Salí de casa silbando. ¿Acaso es de extrañar que, sin el freno de un desagradable estado de ánimo que, como solía ocurrir antes, me habría impedido al menos durante unos días nuevos excesos, me embriagara inmediatamente y causara un daño irreparable a una viuda? Y cuando al día siguiente me desperté de un humor espléndido, me era ajena toda duda de carácter moral o la más leve molestia fisiológica. En cambio, mi gatito presentaba un aspecto lamentable. Se tambaleaba, tenía hipo, sufría, y en sus pupilas opacas se reflejaba un doloroso remordimiento de conciencia. Fui corriendo a buscar una cerveza para el gatito, le llené el platito y, mientras le veía beber ávidamente, me puse a reflexionar. No cabía duda de que, o bien por agradecimiento, o bien por piedad, el gatito tomaba como suyos todos mis pecados o, mejor dicho, sólo sus consecuencias morales y físicas, dejando la parte más atractiva para mí. Tal vez, a pesar de ser de una especie diferente, pero al fin y al cabo también animal, estaba emparentado con aquel chivo que los antiguos judíos, tras cargarlo con sus pecados, echaban al desierto para que de esta manera les eximiera y liberara de aquel peso repugnante.
(Slawomir Mrozek. El pequeño amigo)

3. Cuando iba paseando hacia su casa, fumando un cigarrillo, dos muchachos vestidos de etiqueta se cruzaron con él. Oyó a uno de ellos cuchichear al otro: 'Es Dorian Gray'. Recordó cómo le gustaba antes que la gente le señalase con el dedo, le mirase o hablara de él. Ahora le cansaba oír su propio nombre.
(Oscar Wilde. 'El retrato de Dorian Gray')

lunes, 27 de julio de 2009

Umberto Eco - Arthur Machen



1. Fíjate, muchacho, el mundo está dominado por el mal. Mejor dicho, por el Mal con M mayúscula. Y no me refiero sólo al mal del que mata a su semejante para robarle dos reales, o el mal de las SS que ahorcan a nuestros compañeros. Me refiero al Mal en sí, el Mal por el que los pulmones se me han podrido, una cosecha se echa a perder, una granizada puede sumir en la más negra miseria al dueño de una pequeña viña, que es todo lo que tiene. ¿Te has preguntado alguna vez por qué existe el mal en el mundo?
(Umberto Eco. La misteriosa llama de la reina Loana)

2. Desde luego; porque el auténtico mal nada tiene que ver con la vida o las leyes sociales, o, si lo tiene, es sólo de forma secundaria y accidental. Es una pasión solitaria del alma, o una pasión del alma solitaria, como vd. prefiera. Si, por casualidad, la percibimos y captamos su significado exacto, entonces, verdaderamente, nos llenará de horror y de terror. Pero esta noción es muy distinta del miedo y el asco con que consideramos al criminal corriente, pues este último sentimiento está basado totalmente, o en gran parte, en la estima que sentimos por nuestro propio pellejo o bolsa. Odiamos al asesino porque odiamos ser asesinados, o que asesinen a los que queremos. Así, en el reverso de la medalla, veneramos a los santos, pero no los queremos como a nuestros amigos…
(Arthur Machen. El pueblo blanco)

lunes, 4 de mayo de 2009

Albert Cohen - Franz Kafka



1.Tenía el convencimiento de que cuanto veía existía real y auténticamente, de verdad pero en pequeño, dentro de mi cabeza. Si me hallaba a orillas del mar, estaba seguro de que aquel Mediterráneo que veía existía también en mi cabeza, no la imagen del Mediterráneo sino aquel mismo Mediterráneo, minúsculo y salado, en mi cabeza, en miniatura pero auténtico y con todos sus peces, si bien pequeños, con todas sus olas y un sol abrasador, un mar de verdad con todas sus rocas y todos sus barcos enteros en mi cabeza, con carbón y marineros vivos, cada barco con el mismo capitán del exterior, el mismo capitán pero muy enano y que podría tocarse si tuviera unos dedos lo bastante finos y pequeños. Estaba seguro de que en mi cabeza, circo del mundo, estaba la tierra verdadera con sus selvas, todos los caballos de la tierra pero así de pequeños, todos los reyes en carne y hueso, todos los muertos, todo el cielo con sus estrellas…
(Albert Cohen. El libro de mi madre)

2.Tal cosa por cierto sería como un cuento de hadas, maravilloso, pero en ello reside justamente lo problemático. Es demasiado, tanto no puede conseguirse. Es como si alguien que estuviera preso no sólo guardara la intención de fugarse, cosa que quizá sería alcanzable, sino además y al mismo tiempo, la intención de reconstruir la prisión haciendo de ella un lujoso castillo para sí. Así pues, si realiza la fuga, no podrá reconstruir, y si reconstruye no podrá fugarse.
(Franz Kafka. Carta al padre)

sábado, 21 de marzo de 2009

Giovanni Papini - Gustav Janouch


1. En todo hombre, grande o pequeño, hay siempre estiércol y fuego;…y los muy grandes son los que queman aquel elemento innoble para avivar aun más la llama.
(Giovanni Papini. Dante vivo)

2. Eso es muy extraordinario. Bloy posee un fuego que recuerda el ardor de los profetas... Aunque se explica fácilmente, ya que su fuego se alimenta de todo el estiércol de los tiempos modernos.
(Gustav Janouch. Conversaciones con Kafka)

domingo, 22 de febrero de 2009

Nikolai Gogol - Herman Melville


1. Cuándo y en qué fecha Akaki ingresó en el departamento y quién le nombró para el cargo es algo que nadie recuerda. Entraron y salieron directores y jefes de negociado, pero a él le vieron siempre exactamente en el mismo sitio, exactamente en el mismo cargo, haciendo exactamente el mismo trabajo, a saber, la copia de documentos oficiales, hasta tal punto que con el tiempo se llegó a creer que evidentemente había venido a este mundo ya del todo preparado para esa tarea, con su uniforme de funcionario y la coronilla calva… Un director, que era buenísima persona y deseaba premiarle por su largo servicio, ordenó que se le diera una tarea más importante que la de un copista común y corriente…Aquello, sin embargo, le resultó tan penoso que quedó empapado de sudor y se estuvo enjugando continuamente la frente hasta que dijo por fin: “No, no puedo hacerlo. Lo mejor será que me den algo que copiar”.
(Nikolai Gogol. El capote)

2. Entonces recordé todos los tranquilos misterios que había notado en el hombre. Recordé que sólo hablaba para contestar; que aunque a intervalos tenía tiempo de sobra, nunca lo había visto leer –no, ni siquiera un diario-; que por largo rato se quedaba mirando, por su pálida ventana detrás del biombo, al ciego muro de ladrillos; yo estaba seguro que nunca visitaba una fonda o un restaurante; que nunca salía a ninguna parte; que nunca iba a dar un paseo, salvo, tal vez, ahora; que había rehusado decir quién era, o de dónde venía, o si tenía algún pariente en el mundo; que, aunque tan pálido y tan delgado, nunca se quejaba de mala salud. Y más aún, yo recordé cierto aire de inconsciente, de descolorida -¿cómo diré?- de descolorida altivez, digamos, o austera reserva, que me había infundido una mansa condescendencia con sus rarezas, cuando se trataba de pedirle el más ligero favor, aunque su larga inmovilidad me indicara que estaba detrás de su biombo, entregado a uno de sus sueños frente al muro… Yo podía dar una limosna a su cuerpo, pero su cuerpo no le dolía; tenía el alma enferma, y yo no podía llegar a su alma…
- ¿Quiere contarme algo de usted?
-Preferiría no hacerlo.
(Herman Melville. Bartleby, el escribiente)

martes, 27 de enero de 2009

James Joyce - Juan José Arreola

1. Ella dormía profundamente.
Gabriel, apoyado en un codo, miró por un rato y sin resentimiento su pelo revuelto y su boca entreabierta, oyendo su respiración profunda. De manera que ella tuvo un amor así en la vida: un hombre había muerto por su causa. Apenas le dolía ahora pensar en la pobre parte que él, su marido, había jugado en su vida. La miró mientras dormía como si ella y él nunca hubieran sido marido y mujer. Sus ojos curiosos se posaron un gran rato en su cara y su pelo y, mientras pensaba cómo habría sido ella entonces, por el tiempo de su primera belleza, una extraña y amistosa lástima por ella penetró en su alma. No quería decirse a sí mismo que ya no era bella, pero sabía que su cara no era la cara por la que Michael Furey desafió la muerte.
(James Joyce. Los muertos)

2. La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones.
(Juan José Arreola. Confabulario personal)

lunes, 15 de diciembre de 2008

Eugenio Montale - Ambrose Bierce


1. Toda ganancia, todo progreso del hombre lleva aparejadas pérdidas equivalentes en otras direcciones, permaneciendo invariable el total de toda posible felicidad humana.
(Eugenio Montale. En nuestro tiempo)

2. Felicidad: agradable sensación producida al contemplar la desdicha ajena
(Ambrose Bierce. El diccionario del diablo)


domingo, 30 de noviembre de 2008

E. M. Cioran - R.M. Rilke


1.¿La melancolía? Ser enterrado vivo en la agonía de una rosa
(E.M. Cioran: El ocaso del pensamiento)

2. Rosa, oh contradicción pura, placer,
Ser el sueño de nadie bajo tantos
Párpados
(Epitafio de R.M. Rilke)

jueves, 20 de noviembre de 2008

Knut Hamsun - Franz Kafka


1. Tenía el aspecto de un gran insecto cojo que quería hacerse a la fuerza un sitio en el mundo.
(Knut Hansum. Hambre)

2. Y aunque debido a su herida Gregor había sufrido, probablemente para siempre, una merma en su capacidad de movimiento, y de momento necesitaba, como un viejo inválido, muchos y largos minutos para cruzar su habitación -imposible pensar ahora en trepar a las alturas-, a cambio de este empeoramiento de su estado recibió una compensación, según él más que suficiente, y era que siempre, al anochecer, se abría la puerta de la sala de estar, que él ya solía observar fijamente entre una y dos horas antes, de modo que, tumbado en la penumbra de su habitación y sin ser visto desde la sala de estar, podía ver a toda la familia sentada a la mesa iluminada y escuchar su conversación, en cierto modo con el consentimiento general.
(Franz Kafka. La transformación)

domingo, 16 de noviembre de 2008

Gonzalo Suárez - Max Aub


1. Y mis dedos atenazaron dulcemente su cuello.
-No quiero asesinarte-le advertí-. Sólo quiero recordar…
(Gonzalo Suárez. El asesino triste)


2. Lo maté sin darme cuenta. No creo que fuera la primera vez.
(Max Aub. Crímenes ejemplares)

viernes, 31 de octubre de 2008

Enrique Vila-Matas - Robert Walser


1. ¡Partir de viaje! Hay muchas formas de llegar, señor párroco. Pero la mejor de todas es no partir.
(Enrique Vila-Matas. Exploradores del abismo)


2. ¿Acaso la naturaleza viaja al extranjero?
(Robert Walser. Los hermanos Tanner)

viernes, 17 de octubre de 2008

Edgar allan Poe - Henry James


1. Y allí, entre la confusión que aumentaba por momentos, persistí en mi persecución del desconocido. Pero, como de costumbre, el andaba de un lado para otro, y durante todo el día no salió del torbellino de aquella calle. Y cuando las sobras de la segunda noche iban llegando, me sentí mortalmente cansado, y deteniéndome bien de frente al errabundo, lo miré con decisión a la cara. No reparó en mí, y reanudó su solemne paseo, en tanto que yo, dejando de seguirlo, permanecí absorto en aquella contemplación.
-Este viejo –dije por fin- es el tipo y el genio del crimen profundo. Se niega a estar solo.
(Edgar Allan Poe. El hombre de la multitud)

2. El hombre que se ha tomado miedo a sí mismo cuando está solo –un miedo vago a su propia compañía, su personalidad, su disposición, su carácter, su presencia, su destino; y por lo tanto se sumerge en la sociedad, el ruido, el bullicio, el sentido de la diversión, la distracción y la protección relacionada con la presencia de los otros.
(Henry James. Cuadernos de notas)


viernes, 10 de octubre de 2008

Andrew Marvell - Jorge Luis Borges



1. My vegetable love should grow
Vaster than empires and more slow
(Andrew Marvell. To his coy mistress)


2. …pienso en los días y las noches de Brama, en los períodos cuyo inmóvil reloj es una pirámide, muy lentamente desgastada por el ala de un pájaro, que cada mil y un años la roza… (J.L. Borges. Historia de la eternidad)

 
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